Centauro Histérica

De Xhodon
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Centauro Histérica
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Valores
Ataque: 4
Defensa: 4
Vida: 19
Velocidad: 3 tpt
Puntos: 11
Destrezas
4 veces más: Duendes
2 veces más: Niños del Poder
Ineptitudes
4 veces más: Enanos que blanden el Hacha
2 veces más: Centauros Salvajes
Costo de invocación
Esencias Esencias 520
Lascas de Cristal Lascas de Cristal 450
Piedras de Poder Piedras de Poder 225
Resina de Oro Resina de Oro 125
Maná Maná 7
Reavivación en: Criadero
Espacio: 28
Revivir en chamán
Piedras de Poder Piedras de Poder {{{Piedras de Podero}}}
Hongos Hongos {{{Hongos}}}
Requisitos
Patio de Palacio: Nivel 15
Criadero: Nivel 2


Rápida como un caballo, bella como una mujer e irritable como un humano; así es la centauro histérica. La mitad de su cuerpo es de caballo y la otra mitad de mujer y es más o menos tan grande como la criatura a la que en el mundo mágico de Xhodon llaman Carro de Unicornio. La centauro histérica no va apenas vestida por lo que suele ser más ágil en la lucha, pero también más vulnerable. A menudo ocurre que un caminante llegado de lejanas tierras se topa con una de ellas y comete el error de acercarse demasiado. El caminante se deja cegar por el atractivo y casi desnudo torso de la centauro, pero en cuanto se acerca demasiado a ella, a ésta le sobreviene un ataque de ira y entonces es imposible pararla. En la lucha le pasa lo mismo, pero entonces es más fácil provocarla, pues cuando un enemigo la avista de lejos, ella interpreta las desagradables miradas como una ofensa y una vergüenza. Sin pensárselo mucho, echa mano de su arco y dispara a todo aquel que se encuentre al alcance de su flecha. Aunque las flechas de la centauro histérica pueden atravesar con facilidad la armadura de un duende, se doblan como tallos de paja al chocar contra las armaduras de los enanos. Además, entre los eruditos de las grandes universidades se dice que las centauros histéricas solían ser sirvientes de Aodnàit, la diosa del elemento tierra, y en su nombre continúan hoy en día en parte paseando por los espesos bosques y parajes para preservar así la paz en los lugares sagrados.